¿Qué es ser sumiso?

Pues a ver si soy capaz de explicar claramente lo que es la sumisión para mi. Estoy un poco decepcionada con esto del BDSM, cada vez son más los hombres que se apuntan a esto de la sumisión buscando una muñeca de latex fusta en ristre.  Algunos de vosotros buscáis una mujer mala, malísima que haga vuestras fantasías reales. Con lo cual,  lo único que buscáis es una mujer recarchutada en cuero y/o latex con unos tacones de infarto y con una fusta en la mano.

Esto está muy bien para un rato, pero ninguna mujer en su sano juicio puede aguantar esto todo el día, además que es agotador. No estoy aquí para engordar tu autoestima ni para hacer realidad tus sueños, así que si esto es lo que buscas mejor hazte un paja o busca una profesional, por unos euros te dará lo que tanto anhelas y pides.

Algunos buscan hacer realidad sus fantasías sexuales y a la par que les soluciones la vida. Si tú mismo no sabes coger las riendas de tu vida, a mi personalmente no me sirves para nada, afortunadamente soy una mujer independiente que a día de hoy no ha necesitado de ningún perro para ser una triunfadora.

Dicho lo cual, ahora voy a explicar que es la sumisión. La sumisión es para mi, ante todo un sentimiento amoroso. Es un estado mental pleno y curiosamente de libertad. Según el sumiso va dando y repito, DANDO, NO PIDIENDO, se va llegando a un estado de plenitud y libertad. Según vas aceptando tu sumisión, la confianza se va haciendo más grande y se pierden las dudas y temores.

Por tanto, para mi la sumisión es amor, sinceridad y confianza plena hacia  el otro. Apunto lo de la confianza y sinceridad porque no puede haber sumisión sin una confianza ciega hacia tu ama.

Creo que para ser un buen sumiso y si es verdad que lo eres o solamente quieres que te aten un rato, te peguen dos hostias y una par de fustazos, habría que hacer un ejercicio de introspección como el que hice yo, para saber si esto es lo que quieres en tu vida o solo quieres “jugar un rato”. En ese ejercicio te has de analizar, entender tus miedos, tus emociones, dudas…

En definitiva yo creo que la sumisión es confianza absoluta en tu dueña. Sentirte lleno de ella en todas las situaciones de la vida.

NO ME IMPORTA EL TAMAÑO DE LA POLLA, ELENA ALONSO

no me importa el tamaño de la polla.
me importa el tamaño de las alas.
que me dejen volar. que vuelen.
que sonrían al verme. que me vean.
que se alegren de mis piernas abiertas para otro.
de mis alas extendidas.
que me quieran sólo cuando quieran.
sólo cuando les quiera.

quiero a los que escuchen mis cuentos.
los que hablan de otros.
que me dejen amar sin medida.
ni distancia.
que me sepan infinita.
y que desde el infinito, se amen.
quiero sólo a los que se quieran por encima de todas las cosas.
que vuelen.
que esparzan semillas.
que me follen sin condón.
que se corran en mi boca.
que se queden pero se vayan.
que adquieran la costumbre de cocinar y matar elefantes.
que sean padres.
que tomen teta.
quiero conocer sus historias de otras.
que se corran con ellas.
que estén siempre disponibles.
para amar.
para amarme.
que “si tiene que haber hombres (a mi vera)
que al menos
vuelen”.
http://totamor.blogspot.com.es/2015/01/no-me-importa-el-tamano-de-la-polla.html

Cleopatra: La Diosa del Sexo

Ya os he hablado en otras ocasiones de mi diva y referente Cleopatra, realmente Cleopatra VII ya que no fue la primera en portar ese nombre. Podemos resaltar de ella una personalidad cruel, tanto con su familia como en la dinastía, ya que no le tembló la mano para eliminar a sus competidores. Esta agresividad, quizás mitifique aún más su figura sexual.

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Ya en la Época Antigua era considerada una diosa sexual. Y no tanto por su belleza (Liz Taylor era bellísima, pero dicen las malas lenguas de la antigüedad que Cleopatra era bastante normalita, ha sido el patriarcado quien nos ha querido vender una mujer a su imagen y semejanza, fue su fuerte personalidad y seguridad lo que la envolvió de una gran belleza).

Plutarco, historiador y ensayista de la Grecia Antigua, en sus crónicas manifestaba el hecho de que en realidad“su belleza consideraba en si misma no era tan incomparable para provocar asombro o admiración, pero su buen trato era tal que hacía la hacía irresistible”. Plutarco añade que “su feliz personalidad dejaban en la mente un aguijón que penetraba en todos. Si Platón en sus estudios reconocía cuatro tipos de halagos, ella tenía mil”.

A lo largo de la historia, muchas mujeres fueron señaladas como grandes o expertas felatrices, pero la más afamada de ellas fue la Reina Cleopatra, quien pasó a la historia por muchas de sus cualidades, y por supuesto por su apetito sexual; tanto que los griegos la apodaban “merichane”, “la boquiabierta” o “la boca de los diez mil hombres”.

Los historiadores hablan de que Cleopatra convocó a los cien generales romanos que residían en Egipto a una orgía exclusiva, que daría lugar a un ritual sexual, en la cual Cleopatra empleó sus mejores practicas sexuales.

Leyendo sobre esta Diosa, no me cabe la menor duda de que fue una de las primeras mujeres en practicar FemDom.

Mujeres que corren con los lobos

A la mujer se la ha tratado como una niña y una propiedad. Se la mantenía como un huerto en barbecho… pero, por suerte, el viento siempre llevaba consigo algunas semillas silvestres. A pesar de que no se aprobaba lo que escribían, las mujeres seguían trabajando con ahínco. A pesar de que no se reconocía el menor mérito a lo que pintaban, sus obras alimentaban el espíritu. Las mujeres tenían que suplicar a fin de conseguir los instrumentos y los espacios necesarios para su arte y, si no obtenían nada, hallaban su espacio en los árboles, las cuevas, los bosques y los roperos.

El baile apenas se toleraba en el mejor de los casos, por lo cual ellas bailaban en el bosque donde nadie podía verlas, o en el sótano, o cuando, salían a sacar la basura. Su acicalamiento suscitaba recelos. Un cuerpo o un vestido llamativos aumentaban el peligro de sufrir daños o agresiones sexuales. Ni siquiera podían considerar suyas las prendas de vestir que llevaban. Era una época en la que los padres que maltrataban a sus hijos eran llamados simplemente “severos”, en la que las heridas espirituales de las mujeres tremendamente explotadas se calificaban de “agotamientos nerviosos”, en la que las chicas y las mujeres bien fajadas, refrenadas y abozaladas se llamaban “buenas” y las hembras que conseguían quitarse el collar para disfrutar de uno o dos momentos de vida se tachaban de “malas”.
Por consiguiente, como otras muchas mujeres antes y después de mí, viví
mi vida como una criatura disfrazada. Tal como habían hecho mis parientes y
amigas, mayores que yo, me contoneaba/tambaleaba sobre zapatos de tacón y
me ponía vestido y sombrero para ir a la iglesia.

Como un sendero del bosque que poco a poco se va borrando hasta que, al
final, se reduce a casi nada, la teoría psicológica tradicional también se agota
demasiado pronto cuando se trata de analizar a la mujer creativa, talentosa, profunda. La pirología tradicional se muestra a menudo muy parca o totalmente silenciosa a propósito de las cuestiones más profundas e importantes para las mujeres: lo arquetípico, lo intuitivo, lo sexual y lo cíclico, las edades de las mujeres, la manera de actuar de una mujer, su sabiduría y su fuego creador.

No se puede abordar la cuestión del alma femenina moldeando a la mujer de manera que se adapte a una forma más aceptable según la definición de la cultura que la ignora, y tampoco se puede doblegar a una mujer con el fin de que adopte una configuración intelectualmente aceptable para aquellos que afirman ser los portadores exclusivos del conocimiento. No, eso es lo que ya ha dado lugar a que millones de mujeres que empezaron siendo unas potencias fuertes y naturales se hayan convertido en unas extrañas en sus propias culturas. El objetivo tiene que ser la recuperación de las bellas y naturales formas psíquicas femeninas y la ayuda a las mismas.

Los cuentos de hadas, los mitos y los relatos proporcionan interpretaciones que aguzan nuestra visión y nos permiten distinguir y reencontrar el camino trazado por la naturaleza salvaje. Las enseñanzas que contienen nos infunden confianza: el camino no se ha terminado sino que sigue conduciendo a las mujeres hacia el conocimiento cada vez más profundo de sí mismas. Los senderos que todos seguimos son los del Yo instintivo innato y salvaje. La llamo la Mujer Salvaje porque estas dos palabras en concreto, “mujer” y
“salvaje”, son las que crean el llamar o tocar a la puerta, la mágica llamada a la puerta de la profunda psique femenina. Llamar o tocar a la puerta significa literalmente tañer el instrumento del nombre para hacer que se abra una puerta. Significa utilizar unas palabras que dan lugar a la abertura de un pasadizo. Cualquiera que sea la cultura que haya influido en una mujer, ésta comprende intuitivamente las palabras “mujer” y salvaje”.

Cuando las mujeres oyen esas palabras, despierta y renace en ellas un recuerdo antiquísimo. Es el recuerdo de nuestro absoluto, innegable e irrevocable parentesco con el femenino salvaje, una relación que puede haberse convertido en fantasmagórica como consecuencia del olvido, haber sido enterrada por un exceso de domesticación y proscrita por la cultura circundante, o incluso haberse vuelto ininteligible. Puede que hayamos olvidado los nombres de la Mujer Salvaje, puede que ya no contestemos cuando ella nos llama por los nuestros, pero en lo más hondo de nuestro ser la conocemos, ansiamos acercarnos a ella; sabemos que nos pertenece y que nosotras le pertenecemos.
Nacimos precisamente de esta fundamental, elemental y esencial relación y de ella derivamos también en esencia. El arquetipo de la Mujer Salvaje envuelve el ser alfa matrilíneo. Hay veces en que la percibimos, aunque sólo de manera fugaz, y entonces experimentamos el ardiente deseo de seguir adelante. Algunas mujeres perciben este vivificante “sabor de lo salvaje” durante el embarazo, durante la lactancia de los hijos, durante el milagro del cambio que en ellas se opera cuando crían a un hijo o cuando cuidan una relación amorosa con el mismo esmero con que se cuida un amado jardín.

Viene también a nosotras a través del sonido; a través de la música que hace vibrar el esternón y emociona el corazón; viene a través del tambor, del silbido, de la llamada y del grito. Viene a través de la palabra escrita y hablada; a veces, una palabra, una frase, un poema o un relato es tan sonoro y tan acertado que nos induce a recordar, por lo menos durante un instante, de qué materia estamos hechas realmente y dónde está nuestro verdadero hogar.

Por consiguiente, aquí la palabra “salvaje” no se utiliza en su sentido peyorativo moderno con el significado de falto de control sino en su sentido original que significa vivir una existencia natural, en la que la criatura posee una integridad innata y unos límites saludables. Las palabras “mujer” y “salvaje” hacen que las mujeres recuerden quiénes son y qué es lo que se proponen. Personifican la fuerza que sostiene a todas las mujeres.

Fuente: Mujeres que corren con los lobos

La Mujer Real…

Abrid los ojos a la Mujer Real y dejad de soñar con “Recarchutamiento Patriarcal”

Diario de una hedonista.

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El mío, el importante, el que me dura;
perfecto como el jueves o el verano.

Éste – Carilda Oliver Labra

La Mujer Real no se avergüenza de sus carnes, no esconde sus estrías ni su celulitis. La Mujer Real está feliz consigo misma porque el Hombre Real la encuentra irresistible sin muchos retoques, así como ella es.

La Mujer Real tiene los mismos pezones sensibles y la espalda flexible que las demás. El Hombre Real se endurece con su olor a mangos maduros y su sabor a sal. Él mete sus dedos entre la maraña enredada de cabellos sin peinar y degusta la espalda curvada de la Mujer Real. Ella empina el culo sin pudor, como toda Mujer Real, puta y provocativa.

La Mujer Real dice palabras sucias y se muerde los labios, degustando el sabor de la osadía. Al Hombre Real le le da una punzada de deseo…

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Cómo me ven las/os lectoras/es?

El otro día hablaba con una amiga sobre mi blog (hola N) y me decía que le encantaba leerme aquí tan desnuda y tan yo.

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Es fantástico tu blog I, a veces pienso cómo te imaginarán el resto de lectores, cuando leo las cosas que te dicen, no puedo dejar de pensar en que si realmente conocieran el tipo de persona que eres fliparían.

En estas que la cabrona de N me ha dejado unos días pensando.  Y analizando los correos que recibo, lo que me decís, a veces creo que cada una/o de vosotras/os se ha formado una imagen de mi muy diferente a la realidad.

Así que, y sin otro fin que engordar mi ego (la tripa ya la tengo :P), me gustaría saber cómo me imaginan mis lectores.

Cenicienta en busca de su zapato…

Cada mañana pasaba por el escaparate y me paraba a mirarlos. El precio no era ajustado para mi bolsillo y me tenía que conformar con pararme cada día en el escaparate. Ahí estaban, un tacón fantástico, elegantes. Los miraba y me decía
-Me deben quedar de lujo, a ver si los rebajan.

Esta semana a la salida del trabajo, la zapatería estaba abierta, me paré de nuevo en el escaparate y me dije, -Por qué no darme un caprichito.

Entré con paso firme y esperé, la tienda estaba llena de señoras con bolsos de Louis Vuitton. Mientras ojeaba el resto de zapatos y botas se acercó a mi un joven de unos 35 años y me dijo: – Señora puedo ayudarle en algo? Catapun! se me cae el zapato que tengo en las manos, cada vez que alguien me dice “señora” hay algo que me hace perder por completo la atención en lo que estoy haciendo y empezar a imaginar maldades.

– Sí, perdona. Quería probarme esos zapatos que tienes en el escaparate.

– Señora tiene muy buen gusto, esos zapatos no los suelen comprar “chicas” como usted, suelen llevarse más zapatos con plataforma.

– Uf, a mi ese tipo de zapato no me gusta nada, me resultan realmente chabacanos.

– ¿Qué pie usa?. Un 40, le digo.

– Es un pie grande. Me mira los pies y dice, cualquiera lo diría, tiene usted unos pies realmente hermosos.

Empiezo a ponerme nerviosa otra vez, cuando me halagan me suelo ruborizar con facilidad, pero mi cabezota empezó de nuevo a maquinar.

Vuelve el dependiente con dos cajas de zapatos y me dice, – le he traído también el “9”,la horma es bastante ancha y sus pies son estrechos, creo que el “9” le quedará mejor. Apoya las cajas de zapatos en el banco que estaba sentada y se agacha en un amago de ponerme los zapatos, reconozco que este acto me encanta, hacia mucho tiempo que en una zapatería no me ayudaban a ponerme unos zapatos.

Llevo calcetines y él me ayuda a ponerme los zapatos con ellos, me aprietan un poco, y me dice, ya tuteandome – Yo creo que si te quitas los calcetines te los verás mejor.

Me quito los calcetines y me calzo el “9”, me remango los pantalones por las rodillas para ver qué gemelos me hacen, no me llevo un solo zapato que no realce mis piernas, me paseo por la zapateria que está llena de espejos bajos viendo como me quedan. Se acerca de nuevo a mi y me dice:

-Te quedan de escándalo, deberías llevártelos.Tienes unos pies preciosos y muy cuidados.

– Pues no creas, no me los cuido demasiado.

– No te creo, ni una dureza, ni una piel. Uñas de pies y manos perfectas, no son las de alguien que no se cuida.

– Bueno me cuido lo justo, pero vamos que no me hago pedicuras y demás, son las “ñapas” que me hago en mi casa. A lo que le digo que me los llevo.

Me acerco con él a la caja y mientras está trasteando con el ordenador para cobrarme me dice,

– Supongo que te lo habrá dicho mucha gente, pero tienes una sonrisa preciosa, conservala por mucho tiempo, es difícil toparse con sonrisas así, en los tiempos que corren.

Este tipo desde que he entrado no ha dejado de decirme cositas y como ya os comenté en post anteriores,en estas situaciones no sé cómo comportarme. Supongo que otra mujer habría aprovechado el tirón.

En bajito me dice, a parte del descuento que tienen, te voy a aplicar otro 20% y te regalo una caja de madera para que los conserves. Le agradezco el gesto. Le pago y me da las vueltas y el ticket de la compra.

– Si tienes cualquier problema con ellos, no dudes en venir por aquí. Junto con el ticket me da una tarjeta de la tienda y me señala un móvil y dice:

– Este es mi número por si necesitas cualquier cosa.

Así que ahora estoy con unos zapatos nuevos y el móvil de un dependiente muy follable…