Un sueño…

Algunas veces me regaláis alguno de vuestros sueños, fantasías…Aquí,  reproduzco un texto de uno de mis seguidores, el cual se empeña en que enseñe mi cara, qué no! De verdad, tan importante es para esto del FemDom mi cara? Soy una tía bastante fea.  A ver si os relajáis un poco ya con el tema de mi jeta.

 

Por fin habías venido a Barcelona y nos habíamos conocido. Estábamos acabando de comer (o tal vez de cenar, no estoy seguro) en un restaurante, Tú, mi Ama y Esposa y yo, y hablando del tema que nos gusta, cuando, como quien no quiere la cosa, Tú le preguntaste a Ella si me permitiría servirte personalmente durante un rato. Y Ella aceptó y me pidió que me pusiera a Tu servicio.

 Nos fuimos a la habitación de tu hotel (no estoy seguro de si mi Ama vino o no, en todo caso, si lo hizo, se mantuvo como mera espectadora). Al llegar a la habitación, te sentaste en el borde la cama y me pediste que me desnudará. Lo hice. Seguidamente me pediste que adorara tus pies. Me arrodillé ante ti, te quité lentamente los preciosos zapatos de tacón que llevabas y empecé a adorar tus preciosos pies besándolos muy lentamente. Recordaba haber leído en tu blog o en el de “Adoro a I” que te encanta que te chupen los deditos de los pies uno a uno, poco a poco, y a ello me dedique durante un buen rato; primero un pie, luego el otro. Poco a poco fui subiendo por tu empeine y seguí besando tus piernas, muy despacio, avanzando milímetro a milímetro hacia tus rodillas, rodeando con mis besos todo el perímetro de tus pantorrillas. Al llegar a las rodillas recorrí con mi lengua todos los recovecos de tus corvas deleitándome en ellas otro rato. Avancé de nuevo por tus suaves  muslos, cubriéndolos de besos, lento, muy lento, empezando a notar el húmedo calor que salía por debajo de tu falda. Los besé por fuera y por dentro, empezando a sentir el olor de tus efluvios femeninos. Seguí avanzando hasta que mi lengua encontró la seda de tu tanga. “Quítamela”, me dijiste, apoyándote con tus manos en la cama para facilitarme la tarea. Acaricié tus piernas con mis manos mientras subía poco a poco hasta la cinturilla de tu tanga. Lo deslicé hacía abajo hasta tus pies, y lo dejé sobre la cama. Volví a acercar mi cara a tu entrepierna, caminando con mis labios por tus muslos, tanteando con mi lengua, hasta encontrar tus labios. Los rodeé, los besé una y mil veces. Poco a poco los abrí con la punta de mi lengua, como si abriera una flor maravillosa. Poco a poco avancé por su interior, notando ya el gusto de tu jugos, en busca del botón que enciende tu pasión. Lo encontré y lo tome entre mis labios, muy, muy suave, succionándolo a la vez que lo acariciaba con mi lengua; lo sentí crecer en mi boca, y empecé a jugar con mi lengua sobre él, girando a su alrededor. Para entonces, tu ya te habías dejado caer sobre la cama. Tu respiración se aceleraba. Descendí de nuevo por la raja entre tus labios para recoger tus jugos que empezaban a fluir en abundancia. Volví a subir a tu botón y seguí jugando con él mientras tu respiración entrecortada y jadeante me indicaba tu placer. Me cogiste la cabeza con tus manos y me guiaste allá donde quisiste, aumentando y aflojando la presión, marcándome el ritmo que querías. Varías veces sentí tu cuerpo estremecerse en el placer, después te relajabas y me dabas unos segundos de respiro, antes de volver a incrustar mi cara en tu entrepierna. Finalmente dijiste “Basta ya; de momento ya he tenido suficiente”. 

Me quedé arrodillado ante ti mientras recuperabas el aliento. Te incorporaste de nuevo y contemplaste durante unos segundos mi erección.

– “Me ha encantado”, dijiste, “y te voy a conceder un premio muy especial”.

– “Gracias, Señora”, respondí.

– “Voy a masturbarte un rato, pero, ni se te ocurra correrte; si lo haces estropearás el final del regalo. Ponte en pie”. 

Me levanté y permanecí ante ti con las manos atrás y las piernas separadas, ofreciéndote mi masculinidad. Y empezaste. Te encargaste a conciencia de mi pene y de mis huevos; hiciste que se hincharan hasta dolerme, apretando la base de mi pene para impedir cualquier escape. Cuando aflojabas tu agarre pensaba que no podría resistir, que se me iría. Pero no, resistí  (debo reconocer que en eso mi Ama me ha enseñado bien, aguanto mucho, al menos con Ella, y casi nunca me corro sin su permiso explícito).

 -“Te has portado bien”, dijiste al cabo de un buen rato.

-“Voy a darte tu premio final por esta vez.”

-“Quiero que te arrodilles de nuevo ante mí, que te masturbes y que te corras sobre mis pies. Después vas a volver a adorarlos hasta dejarlos perfectamente limpios”. 

Después de aquella preparación, tardé muy poco en derramar toda mi carga por tus pies, y, a pesar de lo poco que me gusta, me dediqué con avidez a lamer mi propio semen, limpiando con mi lengua hasta el último recoveco entre tus dulces deditos.

12 comentarios en “Un sueño…

  1. elnavegante

    Pues a mi no me pareces fea en absoluto, fea era Cleopatra y mira, ya han pasado mas de 1000 años y seguimos fantaseando con ella siendo abanicada por sus esclavos, y aunque ya sabemos -por las monedas esas que aparecieron- que no era Elisabeth Taylor precisamente, algo tendría (hablaba varios idiomas y era muy inteligente).

    En cualquier caso por ahí hay un poema que dice que no hay mujer fea con los pies bonitos…

    Para mi el problema es que no te puedo ni invitar a un mísero café (ni a otras), y ya me pasó con personas en el pasado que a causa de eso perdieron el interés o lo enfocaron en otros con los que podían hacer eso y mucho mas… Pero no hay problema, no espero bellas durmientes sumergidas en el mundo de Morfeo hasta que yo las bese (vete a saber cuando), no sería justo y yo en vuestro lugar probablemente no lo haría.

    También podría ir a la que voy a comprar el pan y preguntarle si le gusta que le besen los pies, pero mi intuición de signo de agua me dice que no sería buena idea, además no se si el armario ropero con la que la vi una vez le iba a gustar mucho…

    Ah, y yo no te escribo relatos como esos porque ya se por experiencia que cuando lo hago quiero mas y mas, y eso no me hace bien, a veces me cuesta diferenciar fantasías de la realidad…

    Espero que no asuste mucho mi sinceridad, nada mas subversivo que ella por mucho que se haya puesto de moda eso de “decir las cosas a la cara”, normalmente para ser desagradable y cuando nadie te ha pedido que cuentes lo que piensas. No lo estoy siendo yo ahora no?.

  2. g{A.M.}

    Dicen que la cara es el espejo del alma, y si lo que dices en este blog y lo que de ti dicen en él es cierto, es imposible que seas fea, mentirosilla. 😃😃😉 .

      1. elnavegante

        Disculpa, pero que el novio de la panadera es un armario ropero es auténticamente cierto :P.

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