Mis cafés con I – Día 5

Se está convirtiendo en una costumbre que las convocatorias de I me pillen fuera de juego, pero esta vez aún fue más inesperada; y lo fue porque la última vez que habíamos hablado, ella había quedado algo enfadada y no contaba para nada con ello. Pero sucedió, me dijo que se encontraba en el centro con unos amigos y que si tomábamos un café después, que cuánto tardaría en llegar. “Una hora” le dije, ni me paré a pensar nada más que cuánto podría ajustar para llegar a tiempo. Me citó en el mismo sitio que no pudimos entrar la última vez por encontrarse cerrado.

Llegué a la carrera, un poco antes de lo previsto, e I todavía no se encontraba allí. Apareció a los pocos minutos, radiante como siempre; vestía, tal y como ella dijo, muy “normalita”, llevaba una camiseta azul más bien oscuro (marino), sin nada de escote, acompañada por una falda morada (granate). Lo complementaba con unas medias negras con dibujo (emulando ligas), absolutamente preciosas, unos zapatos negros planos y la ya conocida cazadora roja.

No voy a negar que estaba nervioso, incluso muy nervioso podría decir, pero nada más ver la sonrisa de I, (hay que verla para entenderlo), toda esa intranquilidad se esfumó como por arte de magia. Entramos, nos sentamos en una mesa y charlamos como siempre, con complicidad creciente una vez esfumado el nerviosismo; y entre cafés (dos con hielo para ella, descafeinado para mi) pasaron un par de horas. El local se fue llenando poco a poco, ya que parecía que iba a haber un evento de poesía. A I, le apeteció que nos quedáramos, así que le pedí un gintonic de seagrams para ella y un vino verdejo para mí y asistimos a la lectura de varios poemas. La complicidad entre nosotros creció mucho en esos momentos, hasta I se animó a abofetearme con relativa frecuencia y sin importarle en absoluto que el bar estuviese lleno, creció tanto, que cometí un error, la besé.

No se enojó visiblemente, tampoco me abofeteó de nuevo, fue más simple que eso, dejó taxativamente claro, que nunca más lo volviese a hacer; no soy tonto, capté el mensaje. Minutos después pagaba las consumiciones y abandonábamos el local.

Era tarde, y a I le apeteció cenar en un gallego de la zona, que según ella me iba a encantar, y la verdad, me gustó mucho. Estaba lleno, así que nos tuvimos que acomodar como pudimos de pie mientras comíamos y bebíamos algo. Pidió ella, unas croquetas, un plato típico del bar parecido a un bocata/sándwich  y unos pimientos del padrón, todo ello acompañado de vino Ribeiro. La conversación continuó por otros derroteros, e incluso podría decir que la confianza alcanzó un grado elevadísimo. Volvieron las bofetadas, muchas, perdí la cuenta muy pronto, e incluso hubo varios besos, aunque esta vez siempre fue I la que lo hacía, yo sólo correspondía encantado. Salí del gallego feliz.

bofetada-profesional1

Nada más salir del restaurante, me dijo que no le gustaba nada mi cinturón que me sacase la camisa por fuera para no verlo, me extrañó, pero creo que no tardé ni medio segundo en hacerlo. A continuación, entramos en un café pub de la zona con música en directo, donde prolongamos la velada con dos gintonics de seagrams y muchas risas, esta vez salpicadas a partes iguales por bofetadas, besos y pellizcos dolorosísimos en mis pezones (y algún que otro escupitajo jijijji). Han pasado dos días, y las decenas de pellizcos que me proporcionó durante la noche, aún se notan en ellos. La charla alcanzó nuevas dimensiones y un par de horas después comenzamos a caminar hacia su coche. Fue un largo paseo bajo la lluvia de Madrid.

Llegamos a su coche, y le dije que creía que yo que me encontraba en mejores condiciones para conducirlo. Me costó un poco convencerla, pero al final lo cogí yo y conduje yo hasta su casa. Una vez aparcado me invitó a subir, y no le costó mucho convencerme. Lo que allí sucedió creo que no me corresponde a mí contarlo. Abandoné su casa dos horas después.

Pd.1: Algunas correcciones entre paréntesis.

Pd.2: No ocurrió nada, salvo que traía los pies molidos me quité los zapatos y se los planté en la cara.

Pd.3: Algún día contaré, desde mi punto de vista, estos cafés.

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